Colaboradores de Ferrosur realizaron una actividad de voluntariado en la escuela de Pichi Mahuida, olvidada por su ubicación en medio de dos municipios. Junto con empresas de Olavarría y Neuquén renovaron el establecimiento y el sueño de los alumnos.

 

Miguel Reinao, Inspector de Vías de Ferrosur, fue quien propuso realizar esta actividad de voluntariado en la Escuela Nº176 de Pichi Mahuida, ubicada en un paraje al norte de la provincia de Río Negro que parece olvidado en el tiempo y en el que sólo viven una docena de habitantes. “Nadie se hace cargo porque el terreno quedó en el medio de dos municipios y sólo cuatro chicos asisten a la escuela y otros van a rendir libre”, explica el líder de la actividad a la que asistieron 30 voluntarios entre empleados, gerentes y proveedores de la compañía.                                                                                                                                                       

Si bien la escuela estuvo cerrada durante un tiempo por falta de matrícula, hoy funciona de manera precaria y con los mínimos recursos en una pequeña casa en la que, además, vive su directora.

Desde 1993, Héctor Ramos se desempeña como Inspector de Vías en Ferrosur, actualmente trabaja en Neuquén y su participación fue más que nada para apoyar a sus compañeros de Río Colorado, a 80 km de Pichi Mahuida, que habían emprendido el desafío de cambiarle la cara al edificio. La actividad consistía en pintar la escuela, colocar pisos de cerámica y cambiar los vidrios rotos. “La verdad que esta fue mi primera vez como voluntario y me arrepiento de no haberlo hecho antes”, se sincera Ramos.

“Conocí  anteriormente la escuelita, pero el paso de los años hizo que se fuera deteriorando, el piso de cemento alisado se estaba levantando, las ventanas tenían vidrios rotos, había postigos sin bisagras apilados en un rincón, las paredes sin pintura, ahumadas por la chimenea a leña. La Seño Griselda, que también es directora y próximamente maestra jardinera para una sola nenita, junto a dos mamás, un papá y tres alumnos nos estaban esperando con tortas y mates calentitos”, relata Ramos. “Llovió todo el día, estábamos en el hall central formando un círculo para presentarnos, sintiendo el frío que entraba por las ventanas rotas, uno a uno nos presentamos y también hablaron tres hijos de empleados de la compañía”, continuó.

En ese ámbito, la directora les explicó la situación que atravesaban y la necesidad que tenían de no bajar los brazos para luchar por un futuro mejor. “La seño Griselda nos contó que no recibían mucha ayuda de los entes encargados, y que entre las cosas más curiosas, les enviaban DVDs con materiales didácticos, pero ellos no tenían televisor ni reproductores”, asegura Ramos haciendo hincapié en el sueño de una mamá: que su hija egresara con la escuela pintada.

Entre corderitos al asador que gentilmente habían preparado los muchachos de la cuadrilla de Río Colorado, formaron una fila y comenzaron a entrar un aro de básquet, las pelotas, un lavarropas automático, una bandera nueva donada por Rubén Raffo, un LCD y un reproductor de DVD, además de algunas plantas para el jardín y juegos donados por Panadería Los Vascos y Jorge Sansimoni, de Olavarría.

“Del lado de afuera mojándose, un proveedor nuestro cambiaba vidrios rotos por nuevos, un compañero de Neuquén colocaba los postigos a medida que terminaba de soldar las bisagras mientras que adentro pintaban las aberturas y los pisos y las paredes estaban casi terminados. Lo logramos gracias a la dedicación fuera de horario del trabajo de la gente de Río Colorado, finaliza Ramos y se pregunta: “¿Qué se puede decir después de haber vivido tantas emociones… después de ver todas esas caras felices? Para Ramos poner en valor la Escuela de Pichi Mahuida fue más que su primer voluntariado, la posibilidad de hacer realidad ese deseo que pide toda la comunidad cada vez que ve pasar un tren. Ferrosur 2