Alumnos de la Escuela Especial Nº 502 de Máximo Paz realizaron su práctica profesionalizante en Planta Lomaser.

Cañuelas (3) 328x210Desde hace varios años, un objetivo que se propuso el CIVICO Cañuelas fue incrementar las iniciativas realizadas en alianza con la Escuela Especial Nº 502 de Máximo Paz, partido de Cañuelas. A partir del trabajo impulsado, en el marco del Programa Puente, desde el mes de septiembre, todos los viernes cuatro alumnos de la institución comenzaron sus prácticas profesionalizantes en la Planta Lomaser. Durante tres horas, tres varones y una mujer desarrollaron trabajos de organización de archivos y clasificación de ropa de trabajo. “Muchas veces se escucha decir que las personas con capacidades diferentes no pueden tener las responsabilidades que exige un trabajo. Cuando ves el empeño y dedicación que estos chicos le ponen a lo que hacen, te das cuenta de que no se puede generalizar. Agradecen la oportunidad que les brindamos al sentirse incluidos en la sociedad”, remarca Marcos Cabanillas, Líder de Panta Lomaser.

Andrea Aleandro es Maestra Integradora Laboral –MIL- de la Escuela Especial Nº 502 y vive muy orgullosa esta nueva iniciativa, que tiene por objetivo incluir a los chicos dentro del mundo laboral y social para lograr su autonomía. “Soy docente hace dos años, para mí es una experiencia nueva y única. Ellos pudieron insertarse enseguida, a veces, es mayor el miedo nuestro para evitarles una frustración, pero te das cuenta de que es mucho más simple para ellos romper esas barreras y adaptarse”, aseguró.

En su primer día, tuvieron una charla de seguridad con videos en la Planta. “Lo primero que hacen cuando llegan es ponerse el casco, la ropa adecuada y dejan los celulares en la escuela, sin ningún problema”, comenta Andrea.

Los cuatro jóvenes tienen 17 años. Son muy buenos compañeros entre ellos y todos coinciden en que la adaptación al mundo laboral fue rápida y fácil. “Acomodamos los archivos, clasificamos la ropa de trabajo por talle, los zapatos, entre otras cosas”, explica Juan, uno de los alumnos. “Es un gran paso para mi carrera, no podía creer lo que me estaba pasando el día que entré a trabajar a la Planta. Mi deseo es en un futuro trabajar con las máquinas de cemento, ojalá se me dé”, añora Juan, entusiasmado.

La única mujer es Magalí, más introvertida, de pocas palabras, pero asegura que está contenta con el trabajo y sus compañeros. Para Agustín, otro de los alumnos, “esta experiencia es única, la estoy viviendo en todo sentido. Mi intención es adaptarme lo más rápido posible y tener el conocimiento para seguir trabajando en cualquier lugar que me asignen”, asegura. “Me lo tomo con seriedad y compromiso. Mi familia está orgullosa desde que me vio con la ropa de trabajo de Loma Negra. Ellos saben del esfuerzo que hice para llegar acá y tenían mucha fe en mí”, concluye.