Por primera vez el CIVICO Buenos Aires realizó el Día de Hacer el Bien en cuatro localidades involucrando a más de 650 voluntarios. El trabajo a largo plazo y la recuperación edilicia de los establecimientos fue la premisa a lograr durante este año. 

El CIVICO Buenos Aires junto con Alpargatas, Tavex y Construções e Comércio Camargo Corrêa realizaron cuatro proyectos que tuvieron como premisa poner en valor las instalaciones de escuelas públicas cercanas a sus plantas. De esta manera, las localidades de Avellaneda, Don Torcuato, Llavallol y Abbott, en provincia de Buenos Aires, recibieron a más de 650 voluntarios durante el Día de Hacer el Bien.

La Escuela de Educación Técnica N° 5 de Avellaneda, a la que concurren más de 800 alumnos divididos en tres turnos, fue elegida para la jornada del 26 de agosto dado que si bien tiene un edificio de estilo estaba muy deteriorado con sus paredes totalmente pintadas de grafitis. “Cuando los docentes quieren mejorar la calidad educativa y el medio donde están es malo, todo lo dificulta, lo hace más feo”, enfatiza, Gustavo Romera, gerente de Infraestructura de Ferrosur, y uno de los voluntarios que más comprometido estuvo en esta acción. Si bien la idea original era pintar todo el primer piso y el acceso al segundo, los más de 200 voluntarios y la cantidad de material que habían reunido permitió que se completara todo el segundo piso, pizarrones, aberturas y cajas de matafuego.

Natalia Candiano, analista senior de Comunicación Interna de Alpargatas, hacía 4 meses que estaba en la empresa cuando se desarrolló la acción del DHB. El trabajo previo que realizó fue la organización de todo el entretenimiento que iba a haber ese día para los más chicos, sin embargo, nunca pudo dimensionar lo que significaba vivir este tipo de jornada. “Fue algo increíble, lo único que quería era poder ayudar, involucrarme. A su vez en este tipo de actividades las barreras se corren, somos todos iguales trabajando por un objetivo en común que te completa en lo personal”, cuenta aún sorprendida quien espera el año próximo poder incentivar a más colaboradores desde su trabajo diario. La misma sensación de Candiano es la que aún perdura en Ricardo Turco, vicedirector del establecimiento. “La cara de la gente era increíble, vino con ganas y tenía la satisfacción que había ayudado, incluso los chicos llamaban a sus compañeros para que vinieran a ver lo que estaba pasando en la escuela”, detalla este docente que hace 23 años que está en la ENET y aún hoy no puede creer lo que sucedió. “Ver a los alumnos y a los padres involucrados te reconforta, y verlos trabajar sin parar te permite pensar que vale la pena generar acciones a largo plazo”, concluye Romero.

Esta experiencia de los voluntarios en Avellaneda también la vivieron los que se anotaron para el DHB en el Jardín de Infantes N° 922 de Don Torcuato, ubicado en frente de la planta de Lomax. Luego de plantear las necesidades que tenía esta institución a la que concurren 140 chicos en doble turno, se decidió reacondicionar las paredes, las rejas del arenero, el área de juegos y realizar trabajos de pintura. Ese día luego de una charla de seguridad, los 70 voluntarios, entre propios y externos, comenzaron con las distintas tareas fijadas. “Lo que me llevo de este día es el real compromiso que se busca, no asistimos por una cuestión institucional, sino que hay un involucramiento profundo”, especifica Florencia Leonetti del área de Recursos Humanos. Para la directora Anahí Suarez, el DHB fue un mimo para los docentes que siempre están luchando por el jardín. “Si bien sólo participamos nosotras, al no poder sumar a los padres, ver las caras de nuestros chicos ese lunes cuando entraron fue el premio más importante”, enfatiza Suárez.

A un poco más de 100 kilómetros de distancia el pueblo de Abbott vivía una revolución con 150 voluntarios que se anotaron para trabajar en la Escuela General Básica N°6 Mariano Moreno, un establecimiento semi rural al que asisten 95 chicos doble turno. “Fuimos a hacer una acción chiquita y terminamos en algo grande que no dimensionamos”, cuenta Silvia Sayar, líder de Asuntos Legales de Ferrosur Roca, quien sumó a la acción a su hija y a 18 amigas ese domingo de agosto. Dado que era la primera vez que el CIVICO elegía un establecimiento del interior de la provincia se armó un grupo de referentes integrado por 12 personas. Estas fueron las encargadas de viajar dos sábados previos y analizar junto a las autoridades los trabajos que se iban a realizar. “Fue un trabajo de logística importante porque movilizar a tanta gente, involucrar a empresas como Dow, Sinteplast y otros proveedores, lleva tiempo y esfuerzo”, reconoce Sayar.

Así fue como se repintaron las aulas, el cerco perimetral y el frente del colegio, se arreglaron y pintaron los bancos, se cambiaron canaletas, instalación eléctrica, se arreglaron 12 computadoras que quedaron funcionando, se instaló una cocina industrial y se realizaron remodelaciones en general. “Revolucionamos el pueblo ya que no sólo se compraron todas las cosas en Abbott sino que los negocios permanecieron abiertos ese domingo por cualquier contingencia”, explica la Líder. Para Norma Zuber, Directora del establecimiento, lo más importante fue la relación que se entabló y el nivel de diálogo que tuvieron. “Trajeron un proyecto y se habló con cada área sobre las necesidades que se tenían, de esta manera toda la comunidad se involucró y algo que era por un día se convirtió en una relación a largo plazo”.

Uno de los trabajos más importantes que realizaron fue la diagramación y realización de una huerta en un espacio que estaba abandonado. La idea surgió de una colaboradora y una de las encargadas de plasmarla fue Solange Akiama, superintendente de Estrategia y Planeamiento de Loma Negra, una brasileña que llegó de San Pablo hace casi un año y si bien había participado en el Día de Hacer el Bien en Brasil, aquí se encontró con una iniciativa distinta. “En San Pablo se trabaja en acciones puntuales que tienen que ver, por ejemplo, con elevar la autoestima de las mujeres, o relacionadas con niños, es decir no trabajan con programas que mejoran infraestructuras o que perduran en el tiempo, incluso se hace en las favelas cercanas a la planta –enfatiza Akiama-. Me sorprendió cómo logran en Argentina movilizar a tanta gente, que todos sepan qué tienen que hacer, cómo se involucran y comprometen. Para mí y mi familia fue una experiencia increíble que repetiremos”.

Si bien lograron transformar la escuela de adentro hacia afuera las tareas no concluyen ahí ya que la idea es comenzar a dar charlas de seguridad a los chicos y presentar distintos proyectos que involucren a otros establecimientos. “Lo que nos gusta es poder ayudar y Fundación Loma Negra nos da esa posibilidad no sólo aportando la ayuda económica, sino que te da el tiempo para hacerlo y de esta manera contribuye a que tu vida sea más rica”, concluye Sayar.

La otra acción elegida por el CIVICO Buenos Aires fue la Escuela de Educación Técnica N°4 de Llavallol. Si bien esta escuela se encuentra en frente de la planta de Lomax no había participado nunca de la jornada del DHB. “Un día se acercaron representantes del CIVICO y nos contaron sobre las intenciones que tenían, sin embargo, nunca pude dimensionar lo que iba a significar esto para nuestra escuela”, cuenta emocionado Mario Rodríguez, Director de este establecimiento que recibe cerca de 2.000 alumnos. De ese relevamiento previo se determinó que los trabajos prioritarios, que realizarían los más de 230 voluntarios, serían: pintura de todo el campo de deportes, del frente de la escuela, salón de actos, aulas del primer piso y de todos los pizarrones; reparaciones eléctricas, instalación de antideslizantes en las escaleras y placas de aglomerado con fórmica para que los alumnos cambien las maderas de los pupitres que estaban muy deteriorados. “Nos encontramos con un Director activo, entusiasmado y eso ayuda exponencialmente”, asegura Eduardo Blake, director de Logística y Abastecimiento de Loma Negra y responsable de comprar y administrar todos los materiales que utilizó el CIVICO Buenos Aires durante la jornada.

Asimismo, el tema de la seguridad fue un punto fundamental dado que los voluntarios no están acostumbrados a realizar este tipo de tareas en su actividad diaria. “Cuando uno mira en el tiempo era una actividad que comenzaba y terminaba en el día –explica Blake-. Hoy potenciamos a esa comunidad para que continúen e incentiven a otros actores para hacer entre todos una transformación”. Con esto coincide Rodríguez: “El lunes durante la formación contamos lo que habíamos vivido y cuál era nuestro desafío en el futuro como escuela y como parte de esta sociedad”. 

Llavallol 2

 

 

 

 

 

 

Abbott 1

Torcuato 2