Voluntarios de Ferrosur lograron que los niños del Hogar Namasté en Olavarría tuvieran su patio de juegos.

 

El gesto Namasté, de inclinar la cabeza y juntar las manos en señal de saludo, representa la creencia de que hay una chispa divina en cada uno de nosotros que está ubicada en el corazón. El gesto es una expresión del alma de uno al alma de otro. Si bien los voluntarios del CIVICO Ferrosur no conocían el significado de esta palabra hindú fue precisamente lo que hicieron cuando se acercaron al Hogar Namasté de la ciudad de Olavarría.

“Fue la primera vez que nos acercamos a un lugar preguntándoles qué necesitan y nos responden que lo que más necesitan es que pasemos tiempo con los chicos que ahí viven, que logremos que en ese momento compartido ellos se sientan queridos, contenidos y que vuelvan a ser niños a los que sólo les preocupa jugar y divertirse”, cuenta emocionado Leonardo Maiola, Técnico de Fundación Loma Negra.

Ferrosur (5)El Hogar Namasté aloja a 15 niños, cuyas edades oscilan entre los 2 meses y 10 años, surge como una iniciativa que prioriza mantener unidos a los hermanos al mismo tiempo que trabaja de manera articulada con distintos profesionales para la reinserción de los chicos al seno familiar de origen o adoptivo, para que la internación no sea una forma de vida.

Dado que varios colaboradores de Ferrosur forman parte del Programa de Padrinazgo del Hogar, presentaron la propuesta para construir un espacio de juego dentro de la institución con el fin de que los chicos no tuvieran que salir a la calle y compartir un patio exterior común a otros edificios. “Nos mudamos a nuestra nueva sede y dejamos de contar con un espacio de juego adentro, por lo cual los chicos iban a jugar a un lugar por donde pasan autos que está abierto y es muy concurrido, lo que representaba cierto riesgo por más que iban acompañados”, explica Juliana Vicente, coordinadora de la institución.

Ante esta realidad los voluntarios de Ferrosur decidieron acondicionar un espacio de 50m2 dentro del Hogar y construir allí un espacio de diversión. “Dada las diferencias de edades que tienen tuvimos que pensar que sobre todo fuera un lugar seguro. Por eso, lo primero que hicimos fue delimitar y cercar el lugar para luego sí instalar los juegos infantiles que realizamos en el taller de Ferrosur”, detalla Maiola quien junto a 12 voluntarios de la empresa llevaron adelante esta acción a fines del año pasado.

“Para mí ha sido una gran experiencia” cuenta Andrea Zito, analista de Infraestructura de Ferrosur – Base Olavarría. “Estoy inmensamente feliz de haber compartido la jornada con esos niños, me llevo el mejor de los recuerdos. He recibido amor y abrazos, no puedo estar más agradecida. Han hecho que me sienta especial, me han hecho reír y llorar” relata emocionada Andrea.

Luego de que todo estuviera listo se compartió un chocolate con tortas con los chicos y los abuelos de un Hogar de Ancianos de al lado mientras que algunos voluntarios tocaban la guitarra y realizaban juegos de integración. “Se logró un espacio que les pertenece y donde pueden jugar tranquilos, sin peligros, y concentrarse en eso que están haciendo que es nada más y nada menos que divertirse y ser niños”, concluye Juliana Vicente.