La Parroquia Nuestra Señora de Fátima junto a Fundación Loma Negra, lanzó el proyecto “Tejiendo la Vida” para fabricar trapos de pisos, alfombras y rejillas en telares dirigido a mujeres y adolescentes embarazadas que no pueden sostener a su familia.

En el sur de San Nicolás, en una zona muy humilde, el sacerdote de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, Damián Vidano, ideó un proyecto para fabricar trapos de piso, repasadores, almohadones, alfombras y mantas en telares, ante la cruda realidad del número de mujeres y adolescentes embarazadas que no pueden sostener a sus familias.

“Así lo soñamos y me puse a armar este proyecto para presentar en la planta de Loma Negra en Ramallo. Lo increíble fue que enseguida se buscó la forma para hacerlo realidad”, relata el padre Damián que, al lado de su parroquia, también creó un espacio llamado El Refugio, donde disponen de emprendimientos inclusivos como una panadería y una fábrica de pelotas.

En un salón espacioso con diez telares y una máquina de coser, hoy son cinco las mujeres que trabajan fabricando productos artesanales en los telares que luego distribuyen en supermercados, negocios y empresas de la zona para su venta. Para llevar a cabo el negocio de una manera ordenada, formaron una cooperativa de trabajo: lo que ganan se invierte en materiales y se distribuye en partes iguales.

Stella Salvarreguy es la coordinadora del proyecto “Tejiendo la Vida”, que asiste a las chicas y se encarga de organizar los pedidos. “Yo las incentivo para que estudien y vean la importancia de tener un emprendimiento propio y poder crecer”, remarca. Además, las beneficiarias recibieron capacitaciones en telares, asesoramiento en emprendedorismo, cursos de seguridad e higiene y cooperativismo. “Hay chicas q no saben leer ni escribir, que vinieron de la isla de enfrente para conseguir un trabajo y gracias a este emprendimiento algunas pudieron comprar materiales para construir su casa”, asegura Vidano.

María tiene 34 años, dos hijas y no dudó en aceptar cuando el padre Damián le contó sobre el proyecto. “Hicimos la capacitación junto con otras chicas y aprendimos enseguida a manejar los telares”, cuenta entusiasmada María que ya dejó todas las changas que tenía para meterse de lleno con este emprendimiento. “Mi proyecto es hacer mi casa, ya me cedieron el terreno y el próximo paso es construir de a poco”, concluyó. Nunca pensé que iba a coser, es increíble.

Con 18 años y un hijo de 8 meses, Daiana, la menor de todas, había dejado los estudios en tercer año y hoy está sorprendida con todo lo que este trabajo le está dando.”No sólo estoy contenta porque me gusta lo que hago sino que además pude retomar los estudios”, relata. Otra integrante de la cooperativa es Laura, que además de criar a 5 hijos, es niñera por la mañana, y así logra tener otra entrada de dinero para mantener su casa. Todas colaboran y ofrecen los productos que ellas mismas se sorprenden de fabricar. Además, cada domingo los venden en la puerta de la parroquia, orgullosas de lo que hacen.  “La calidad es muy buena -asegura Vidano- el desafío es conseguir el mejor precio de venta”.

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